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Raro.
Sí. Esa es la palabra. Este año fue raro en todos los aspectos. Pensé que tal vez, como se inició, pudo haber sido diferente pero no. Si bien es cierto que cada año hay sus altos y sus bajos, este en particular fue de más bajos que altos, de querer renunciar a todo a pesar de que había puertas que se abrían con oportunidades. Pero, el bendito pero de toda la vida, el mayor obstaculo fue mi familia.
El 2025 se fue dejándome un sin sabor en la boca. Ese año lo sentí como la previa de que algo va a pasar en este 2026; la misma sensación del 2019. En ese año, los últimos meses fueron todo un caos: mucha incertidumbre y en lo personal, mi abuelo se agravaba en su salud. Y esa sensación se haría realidad en los primeros meses del siguiente año, 2020. Ese año la crisis fue a nivel mundial, y a pesar del caos provocado por la incertidumbre, el miedo y el encierro, el 2020 terminó siendo un año con muchas lecciones aprendidas, además de que llegaron nuevos clientes para mamá.
Y así siento que ha pasado con el 2025. Que en los últimos seis meses todo fue un caos en mi vida, y también en mi vida profesional. Empecé a presentar crisis existenciales e incluso opté por tomar distanciamientos de mis redes sociales. Cómo si no tuviera que más decir o compartir, como si hablar me hiciera daño; como si decir algo incomodara a los demás. Por momentos, veía este año como si fuese el 2020 pero con la diferencia que se podía salir, interactuar, ser sociable...
En este año empecé a plantearme que quería de mí, de mi futuro. Toda mi vida siendo cuidadora de mis abuelos, no se mal entienda, amo haber cuidado de mis abuelos, y ahora de mi abuela viuda con Alzheimer, pero siento que descuide de mi persona entregandome a mi "familia" sabiendo como son ellos. Y en medio de esos altibajos, di uno de los primeros pasos: entrar a terapia psicologica. El haber dado ese paso, fue lo mejor, aunque también me generó dudas y miedos. A medida que pasaba los días, mi salud empezaba a decaer, pero no era fisico, era mental. Así que entre va y viene el tiempo, se fue el año dejándome una sensación de que no he hecho nada, cuando he tratado de avanzar en algunos proyectos y publicarlos, pero la carga familiar que me deja mi mamá sobre mis hombros es inmensa.
Entre en una crisis depresiva profunda en el cual me hizo plantearme si de verdad vale la pena seguir en este mundo. Ideas que van y vienen, que el tiempo pasa y que el año se estaba acabando y en vez de ir terminando de la mejor manera, iba acabando de manera agridulce. Con más discusiones con mamá, y sintiendome más incomprendida que nunca. Y con una idea muy fija: fue mi culpa y fui débil en no ser firme y haberme ido antes y ahora con cuatro decadas encima es imposible obtener esa libertad ansiada porque yo misma me puse las cadenas en esta familia que ni las gracias dan.
Amo a mis abuelos, y a mi abuelo lo amé mucho hasta que partió de este mundo en el 2020, un mes antes de la declaratoria oficial del encierro por pandemia por COVID-19. Quedó mi abuela, con alzheimer y que cada día va empeorando más que me afecta en mi estado ánimico y mental. La quiro mucho, creé un vinculo con ella a pesar de sus abusos y de su prepotencia, algo que con mi madre y su hermano y el resto de la familia no pasó. Con ellos no cree ningún vinculo emocional ni tengo red de seguridad, por ahí algo de apoyo de mi madre pero es condicionado porque ella es también una paciente psiquiatrica no tratada y con una negación a la realidad muy marcada, dificultando la relación entre ambas.
La verdad es que 2025 fue un año de más bajos que altos, de más incertidumbres que certezas, y de más preguntas que respuestas.
P.D. Recién puedo publicar esta entrada debido a lo ajetreado que se ha vuelto mi vida en donde debo tener tiempo para todos menos para mí, y para mis proyectos. Por eso, mil disculpas.



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