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Un blog donde se plasma pensamientos al aire, microrelatos y opiniones.
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2024/04/05

Regresar...

 Habías decidido volver. Nunca dijiste cuando ni cómo. Sólo volviste. 

Al volver, ya no lo hiciste con la vieja esencia tuya; ahora era una nueva. Eres tú, pero más enfocada en ti como ser, aceptándote como eres: con defectos y virtudes, con débilidades y fortalezas. Decidiste volver con otra visión del mundo. Pero de tu propio mundo, no del mundo de los demás. Agradeces con infinito amor a ese cansancio mental y emocional que las personas que estaban a tu alrededor te fueron agotando cada día con sus actitudes de indiferencia, manipulación psicológica y sobre todo, drenándote tu energía valiosa.

Te diste cuenta, hace tiempo, que estaban a tu lado por interés, por miedo a la soledad pero no porque de verdad te apreciaban, te estimaban. Todo fue una mentira. Y sí, dolía como cuando estás en el infierno de haberte sentido traicionada. Tu círculo era reducido, y esas personas, que decían ser tus amistades, te enseñaron a no confiar más en las personas. Cada vez más, con el tiempo pasar, te ibas haciendo fuerte, pero cerrando tu nobleza y tu corazón. Te decían que eras una "desgraciada", ¡qué ironías de la vida! Precisamente eran esas mismas personas que te estaban convirtiendo así. 

Empezaste abrazar la indiferencia, y estabas más que consciente que de ahí, ya no había vuelta atrás. Que una vez ingresada en ese mundo, era muy poco probable que se pueda salir. Y con toda la tristeza, el dolor que tenías dentro de ti, tomaste una decisión que tal vez a ellos no les gustará, pero que a ti te liberará. Te quitará de las cadenas que te tenían atada, que no te dejaban ser tú.

Dicen que un animal herido es más peligroso que un animal bueno y sano, y aunque dudabas de esa veracidad, en esos momentos le dabas crédito a esa frase. Estabas herida, y estabas actuando con un peligro silencioso. "Así como llegaste en silencio, te ibas a ir en silencio". Y tú eres una persona de palabra. Te ibas a quitar de una vez por todas esas cadenas pesadas, crearías tus propias cadenas, y estas te obedecerían a tus ordenes. Se acabó.

Ya no esperabas nada de nadie. Por amor a Dios, ni siquieras esperabas algo de tu propia sombra. Así que volviste. Más fuerte, siendo tú. Mostrando tu real poder. Ibas a dar lo que recibías. Si te iban a dar migajas, entonces darías migajas. Te van a reclamar. Te van a decir que ha sucedido contigo, que no eres la misma, que antes eras diferente. Y eso, es sólo una estrategía barata de manipulación, y ya no ibas a caer en ese juego. 

Ahora ellos estarían en tu juego sin que se dieran cuenta. Usarias señales silenciosas, haciéndoles creer lo que su mente quiere creer. Les mostrarías imagenes con pocas palabras, o sin ellas, haciendo que invente una historia que les haga creer que tú mientes, porque eso siempre te decían, que tu mentias. Pobres ilusos.

Tú sólo les dabas lo que ellos querían ver, más no tu esencia real. Porque tu esencia real ya esta guardada, y es despiadad. Porque sabes que de tus labios saldrán palabras hirientes porque serán filosas. Ellos caen, y tú te levantas. Se acabó.

Regresaste a mostrar de lo que eres capaz. Y lo harás como la excelente estratega que eres. 


2012/05/18

Día de la madre


Continuación de San Valentín

Ingreso el llavín en la cerradura de la puerta de su casa. Estaba pensando. Últimamente hacia eso, después de lo que paso dos meses atrás. Adoraba a sus padres, pero sinceramente no sabia como lidiar con ellos cuando les diera la noticia. Estaba asustada y preocupada. Nunca se imagino que él la pondría en ese predicamento. Y había jurado no verse más con él, ni siquiera para decirle la verdad.

¿Egoísta? Puede que si sea.

Por otro lado estaba la edad de sus padres. Eran personas jóvenes a pesar de rondar los sesenta años, pero desgraciadamente, ambos sufrían del corazón. Aquello, además de ponerla triste, la tenía preocupada, ¿cómo será la reacción de ellos? ¿Por qué tuvo que ser tan débil y acostarse con su enemigo en la habitación de un hotel? Sólo ella pudo hacer semejante cosa. Lo peor de todo, es que no sabría que actitud tomarán cuando se enteren de quien es el padre, ¡Y ella no quiere ponerlos enfermos a ninguno de los dos!

Tenía que ver la manera de cómo comunicarles la noticia, obviando el detalle de quien es el padre. Pero por más que le daba vueltas al asunto, no encontraba la forma de hacerlo. Suspiro.

Todo es tan confuso. Debería golpearse la cabeza por haber sido tan tonta, pero no iba a seguir lamentándose por lo ocurrido. Tomo la decisión de tener al niño, lo haría sola. No le diría nada a él, a pesar de que es el padre de la criatura, su orgullo podía más. ¿Por qué tuvo que verlo aquel catorce de febrero? No debió hacerlo, pero el destino se empeño en hacerlo y ahí estuvieron, frente a frente. Pero eso no fue lo peor, no señores. Lo peor fue, una semana después. Y ahora no sabía que hacer.

¡Basta de lamentaciones!

A lo lejos escucho una canción. Por lo que escucho, era la voz de aquella cantante colombiana famosa por sus letras de canciones y su música. Se trataba de nada más y nada menos que de Shakira. Afino aún más el oído, y al comprobar la letra de la canción, le saco una sonrisa, pues se trataba de “Pies descalzos, sueños blancos”. ¿De verdad se acerca el fin del mundo? Si es así, ¿por qué nadie le aviso?

—No es bueno quedarse parada en la mitad del camino —le sobresalto la voz de su padre.

—Lo siento, papá. Estaba pensando en unas cosas —para que su padre no le pregunte que eran esas “cosas”, se apresuro a preguntar —¿Y mamá? ¿Por qué escucha esa canción?

—A tu primera pregunta: tu mamá esta en la cocina. A tú segunda pregunta, pues no sé porque está escuchando esa canción. Creo que pensó en ti y se puso a escucharla. Ya estás en edad de haber formado una familia, hija, pero respetamos tu decisión de que sigas así soltera. No podemos hacer nada para que cambies de opinión.

—¡Papá! —el hombre sólo se encogió de hombros y movió la cabeza en forma negativa, siguió por su camino hasta la biblioteca.

La joven sabía que su padre tenía razón, y con cada palabra que le decía, el corazón se le encogía, ¡les estaba ocultando una gran verdad! Estaba con la cabeza hecha un lío, todo lo que había logrado se iba desmoronando de a poco. Toda su perfección, se resquebrajaba como si fuese un cristal a punto de partirse.

La casa no era grande, pero tampoco era tan pequeña. Podría decirse que era mediana, con un cuarto principal con baño, donde dormían los señores McAll, otra habitación, también con baño propio donde dormía la joven, una biblioteca, sala, comedor y cocina. Aparte del garaje que tenían, donde guardaban el automóvil sedan marca Toyota Corolla del 2010.

La joven opto por dirigirse a la cocina a ver a su madre.

¿Por qué diablos se acostó con él? Acaso no tenía memoria, o se fue de vacaciones y las ganas pudieron más, ¡basta! Ya estaba sufriendo mucho con ese calvario, como para seguir con lo mismo por otro buen rato. Ella sólo quería comunicarles a sus padres la noticia y de lo que estaba planeando hacer, nada más. Ambos sufren del corazón, no pueden recibir noticias impactantes. Si, eso la detenía.

 Se encontraba en una disyuntiva, gracias a él, y que estaba a punto de volverse loca. Si es que ya no se había vuelto ya. ¿Por qué no terminaba encerrada en el manicomio? De seguro alguien allá arriba debe quererla mucho para que no lo haga, y la tenga así, todavía con un poco de cordura y de neuronas. Si, ese alguien la debería querer mucho.

Una vez en la cocina, vio a su madre que manipulaba con agilidad los instrumentos de cocina. Estaba preparando los almuerzos. Si, su madre tenía la costumbre de preparar el almuerzo del sábado y de paso preparaba el del domingo. Así que ese día descansaba, pues cada quien se calentaba la comida, aunque siempre era la señora McAll quien calentaba y llamaba a la mesa.

Se sentía aturdida.

La señora McAll volteo la cabeza hacia la entrada de la cocina, porque percibió la presencia de alguien que la observaba y no se equivoco, era su hija. Ambas se miraron con respeto, pero la señora, por sus años de sabiduría y observación, había notado que a su única hija le pasaba algo, que la perturbaba para ser más claro. Ya vería la forma de hablar con ella, pues para ellos, ella era su razón de vida, y que a pesar de los años que pueda tener, ella seguía siendo su pequeña princesa. Nadie cambiaria eso.

—Pon la mesa, Xiana. La comida ya esta lista.

—Claro, mamá.

Xiana hizo lo que su madre le pidió. Mientras lo hacia, pensaba en lo perfecta que había sido, hasta que cometió aquel error. No se lo perdonaba. Mentiría si dijera que no se sentía frustrada, porque si lo estaba, pero era más que eso. Estaba decepcionada de sí misma, porque había caído tan bajo. Toda su vida perfecta, se derrumbaba en frente de sus ojos, porque ella, Xiana McAll, había cometido la estupidez más grande de su vida. Pero al menos, ya no estaría tan sola, ¿verdad?

Su corazón se oprimía cada vez que pensaba en ese día. Pensar que había fallado a sus padres, que se había fallado a sí misma, que había fracasado como mujer de palabra, todo esos sentimientos negativos que la abrumaban, hacían que  le doliera mucho. Ella no era así.

La mesa estaba puesta. Los cubiertos, los vasos estaban en su lugar. Todo estaba como tenía que estar, y sin darse cuenta, esa acción, esa imagen la demostraban a ella lo que era realmente: perfecta. Hasta el día que decidió verse con él, pero eso no fue lo malo, no, claro que no. Lo malo fue que se acostó con él a sabiendas de cómo eran las cosas. Peco de ingenua, ¿tal vez? Pensó que no pasaría a mayores, y termino siendo eso precisamente, convirtiéndose en algo mayor, de mucha responsabilidad.

Ahora entendía cuando le decían que era débil de carácter.

Su mundo ordenado, disciplinado, correcto se había perdido, ¿para siempre? Eso lo averiguaría en un par de días.

Se sentó en su puesto, mirando la pared de color crema y su mente se perdió. Empezó a divagar en cada uno de los momentos de su vida. Sus logros, sus triunfos, sus meritos, pero ellos iban acompañados de sus fracasos, de sus caídas, de sus lágrimas. Pensó en aquel niño que llevaba en su vientre. Esa criatura que estaba a punto de cambiar por completo su vida.

Se preguntaba que reacción tendría sus padres, por enésima vez. ¿Dolor? ¿Furia? ¿Decepción? ¿Sorpresa? ¡Ah, por Dios! Son tantas las preguntas y ninguna tenía respuesta. La verdad era que no sabía que hacer. Por primera vez en su vida, se sentía fuera de la realidad y como una niña pequeña que ha cometido una travesura que puede merecer castigo. Y eso la ponía triste, ida. Lloraba en silencio, no tenía la menor idea de a quien acudir. Si se lo decía a sus amigos, ellos de seguro la mandarían a volar hacia el otro lado del continente, por su estupidez. Eso es seguro.

Tan perdida estaba en sus pensamientos, que no se percato que sus padres ya estaban sentados en la mesa, y la comida ya estaba servida. Había llegado la hora, lo intuía. Tenía miedo a enfrentarse a sus progenitores, decirles lo que estaba ocurriendo. Era la primera vez que se sentía así, vulnerable, ¡quería gritar!

El señor y la señora McAll se miraron preocupados. Veían comer a su hija, y algo les indicaba que no estaba bien. Estaba callada, la cabeza agachada y la mirada perdida en quien sabe donde. Xiana no estaba alegre como en otras ocasiones, ni porque al día siguiente era el día de la madre, una fecha especial. Suspiraron. Pero ninguno dijo nada, esperarían a que su hija hablara por ella misma. Sin presiones.

El tiempo pasaba, nadie decía nada. La mirada angustiada de la señora McAll se hacia presente, su corazón se encogía de sólo verla así. De hecho, ya llevaba varios días con esa actitud, pero sobre todo que estaba pagada. ¿No le pudo ocurrir algo malo o si? Trabajo tenía, lo sabía porque Xiana siempre se despedía de ellos y les decía que se iba al trabajo, que tenía suerte de ser organizada, porque si no…

Además, era ella quien llevaba el dinero a la casa, y con el sueldo de la jubilación de su padre, se ayudaban mucho para salir adelante y vivir cómodamente.
Sino era eso, entonces ¿Qué era?

—Mamá, papá, hay algo que debo comunicarles —aquellas palabras no sonaban a algo bueno.

—¿Qué pasa cariño? Dile a mamá y a papá lo que pasa. Te podemos ayudar, ¿lo sabes, verdad?

—Yo… Yo… —se angustiaba, las palabras se quedaban atoradas en la garganta. Tomo un respiro y lo soltó —Estoy embarazada.

Los señores McAll no podían creerlo. ¿Quién era el padre? Hasta donde sabían, Xiana no tenía novio ni pretendiente, ¿entonces?

De un momento a otro, Xiana se levanto de la mesa, dejando la comida a medio comer, prácticamente no había probado. Se notaba que no tenía hambre, pero por la reacción de su hija, no era algo  bueno, o al menos que no quisiera al bebé, aunque dudaban de ello. Los esposos McAll se miraron entre sí, pero no iban a ir detrás de su hija. Le darían su espacio y su tiempo, no querían obligarla a nada. Xiana necesitaba poner en orden sus ideas, sus pensamientos.

Todo era confuso.

¿Saben lo frustrante que es llevar en tu vientre a un niño de un hombre a la cual no lo quieres ver ni en pintura? ¿No? No lo vivan nunca, no se los recomiendo a nadie. Pensaba Xiana, mientras estaba acostada en la cama llorando. Había demostrado ser débil ante él, y era eso precisamente lo que no quería demostrar. Pequeño detalle.

Y así pasó, hasta quedarse dormida profundamente.

El sol se ocultaba a las 6:20 p.m., estaba dando paso a la noche, y Xiana seguía dormida. Los padres de la joven no podían ocultar su preocupación, porque a pesar de todo, era su única hija y ella jamás había dado de que hablar sobre su persona. Siempre había sido una joven de ejemplos, aunque tenía defectos como cualquier ser humano. Las personas que la conocían, hablaban muy bien de ella. ¿Por qué ese comportamiento?

Aún seguía dormida.

Preocupante.

El señor McAll estaba en la biblioteca  leyendo el periódico. Tenía esa costumbre de leer el periódico a las 6:30 p.m. de la tarde, una costumbre adquirida por los años, después de haberse jubilado. Su esposa, por el contrario, leía el periódico a las 9:00 a.m., justo después de tomar el desayuno. Ella se despertaba a las 7:00 a.m. para despedir a Xiana, luego se quedaba haciendo algunos quehaceres. Él se despertaba a las 10:00 a.m.

¿Bonita costumbre, no?

7:00 p.m.

Los señores McAll escucharon algo de ruido que provenía de la habitación de Xiana, era la oportunidad perfecta para hablar. La señora salió del comedor en dirección al cuarto. Toco un par de veces, escucho un pase y entró. Xiana estaba acostada de lado, mirando la pared. Su madre la conocía bien, había estado llorando, hasta haberse quedado dormida de esa manera. Sus ojos rojos la delataban.

Tenía tanto miedo.

—Cariño, el estar embarazada no es malo, más bien es una bendición. ¿Por qué reaccionas así?

—No es por eso, mamá. Es por quien es el padre. Porque demostré debilidad y no debí haberlo hecho. Pero es él, y sabe como hacerme caer a sus pies.

La madre empezó a tener una ligera sospecha, sin embargo, se animo a preguntar, para salir de sus dudas de una vez por todas.

—¿Quién es el padre?

—Axel McGonal…

La señora McAll se quedo sorprendida, estaba sentada en el borde de la cama. Así que por él, su hija estaba así. Le paso la mano por el rostro, acariciándola, susurrando palabras de aliento, de valentía. En un momento dado, Xiana se levanto, coloco su cabeza en el regazo de su madre y se quedo ahí, acurrucada buscando consuelo de ella. La señora McAll, la entendía perfectamente.

—Si sientes que nos has defraudado, te equivocas. Además, ya era hora de que formaras un hogar. Tienes un título profesional, tienes un buen trabajo, ganas bien, era el momento, hija.

—Pero seré madre soltera…

—¿Me estas diciendo que no le dirás nada a Axel McGonal?

—Sí, mamá. Él no puede enterarse de que tiene un hijo. No lo quiero tener cerca de mí, no después de lo que me hizo hace tiempo.

Suspiro la señora McAll.

—No estoy de acuerdo contigo. Él necesita saber que es padre, para que al menos se haga cargo de la criatura y pase la pensión alimenticia. Xiana, recapacita por favor.

—Mamá. Simplemente no quiero tenerlo cerca de mi persona, y no quiero que el niño sea la excusa perfecta para que él este aquí. Por favor…

—Está bien. Si esa es tu decisión, aunque no la comparto. En todo caso, si decides tener al niño sola, deberás tener a alguien quien te ayude a criarlo…

—Estaba pensando en ustedes, pero…

—Oh, cariño. Será un placer ayudarte con nuestro nieto. Ya verás que todo saldrá bien.

—Gracias, mamá.

No era justo para Axel que no supiera la verdad, pero Xiana ya había tomado la decisión. Nadie le contradecía, porque en cierto punto, ella tiene la razón, ¿cómo confiar en alguien que dice una cosa y termina haciendo otra? No. Él jamás se enteraría de la verdad, aunque muchos no estuvieran de acuerdo. A pesar de todo, él era el padre de la criatura, y gozaba de los mismos derechos.

Xiana se acurruco más en los regazos de su madre. La señora McAll entendía como se sentía su hija, por eso le dijo aquellas palabras, por lo menos acepto el hecho de que va a ser madre, y no le importaba si era sola o acompañada. Creyó, por un momento, que su hija le iba a decir que pensaba abortar a la criatura, pero no fue así. Gracias a Dios.

Como había dudado de su única hija. No era por mala, sino por experiencia. Una amiga de ella le contó que su hija había quedado embarazada, y que había tenido planeado abortar al niño, pero que se dio cuenta de las intenciones y la detuvo. Había estado desesperada. ¿Por qué hay mujeres que toman esas clases de decisiones? ¿No se sienten orgullosas de ser madre, de llevar un nuevo ser en el vientre?

¿Acaso la sociedad de hoy en día es tan superficial que no les importa ese tema? Pero que va, si algunos están de acuerdo con eso, en especial las feministas. Pero, en realidad esas personas no tienen argumento sólido. ¿Qué el cuerpo es de la mujer y ella decide que hacer con el? Perfecto. Si es así, entonces ¿A que se meten a tener relaciones sexuales sin protección para luego estar matando a un ser que no tiene la culpa?

No lo entendía. Quería hacerlo, pero no podía. Y no es que fuera moralista, pero aquello, para ella, no tenía sentido. Así de simple. Y por eso, pensó que su hija, al estar desesperada de tener un hijo en el vientre de un hombre que no le quiere ver ni en pintura, tomaría esa decisión. En cierto modo, se sentía culpable de haber pensado así de Xiana. ¡Tenía miedo!

Miro a su hija dormir. Se había quedado así mientras se quedó pensando en las cosas y situaciones que viven las mujeres cada día. El día de la madre sería un día diferente para ella, de eso estaba segura. Pues a partir de ese momento, la vida de la pequeña familia McAll cambiaría para siempre.

2012/04/23

Inseguridad


Son las seis de la mañana. Te levantas de la cama, pero antes miras a tu compañera dormir muy placidamente. Ella entra a las diez al trabajo, tú lo haces a las ocho y media de la mañana. Te diriges al baño a asearte, pero en el trayecto piensas en todas las cosas, incluido el trabajo. Tu corazón empieza a latir más fuerte, te esta hablando y te preocupas. Ahora tu mente tiene otras cosas que pensar.

Tú esposa esta embarazada de cinco meses. Es tu primer hijo que esperas, quieres, deseas que todo salga bien, que ella este bien, que tu hijo nazca saludable. Ahora tendrás que trabajar horas extras para tener un poco más de ingreso, hay una futura tercera boca que alimentar. A partir de ese momento, cuando tu esposa te dijo que estaba embarazada, sabías que tenías que entregarte más a tu profesión. Obtener más ingreso.

Las cosas cambian.

Sales del baño, te diriges a la cocina, te preparas un desayuno rápido pero saludable. No quieres enfermar, sabes que eso cuesta, es un gasto, uno grande, porque tienes que ver el doctor, hacerte exámenes, volverte a ver del doctor, comprar remedios. Y el costo total no baja de los $300 dólares. No quieres eso, porque sabes que los necesitas, tu mujer lo necesita, el bebé en camino también.

Son las siete y quince de la mañana. Miras por última vez a tu mujer, le das un beso casto en los labios mientras ella duerme. Sales de la pequeña casa, que fue obsequio de tus padres, lo hicieron con su esfuerzo. Ellos te ayudan con una parte de la letra, tú pones el resto. Una deuda fija al igual que los servicios básicos, pero sabes que tienes que tener dinero para eso. Y lo cumples todos los meses, al pie de la letra.

Eres honrado, honesto, pero te das cuenta que a veces esos valores no bastan en la sociedad actual, donde hay corrupción, competencia desleal, lo sabes porque lo vives a diario en tu trabajo, ¡cuantos informes buenos que has elaborado te han robado! Y ellos se llevan el crédito, tienen mejor salario, un buen puesto. Tú no puedes hacer nada, ni denunciarlos, porque sabes que te irá mal.

¡La vida es injusta!

Lo sabes, estas conciente de ello, por eso no haces nada. Sientes que te han atado de pies y manos, y si hablas te pueden echar a la calle, no te conviene, necesitas del empleo, por eso te haces de la vista gorda. Conmigo no es, te repites una y otra vez, hasta que esa frase, corta pero llena de mentira, se vuelve realidad. Suspiras, y sales de casa para coger el bus que te lleva al trabajo. Aún no tienes para costear un auto, pero tu sueño de tener uno no se va de tu mente. Algún día lo tendrás.

Llegas a la parada del bus, esperas paciente por el transporte. Miras el reloj, sabes que llegarás diez minutos más temprano al trabajo. Sonríes complacido. El último mes has llegado muy temprano y te has ido tres horas después de la hora de salida. Sabes que tus jefes miran eso, pero también sabes que son unos malditos y no lo reconocerán. No quieren perder su puesto de trabajo, eres su competencia. El bus llegó, y te subes.

A medio camino tu corazón empieza agitarse. Te está hablando, está desesperado. Ves que suben unos hombres, son jóvenes por la apariencia que tienen, pero no tienen buena pinta. Te angustias, empiezas a pensar mal, volteas la cabeza hacia la ventana, dejaste de mirarlos. No los quieres provocar, quieres estar con vida. Mi familia me necesita, piensas. Empiezas a orar, nunca fuiste creyente de la iglesia, pero si de un ser supremo, de un Dios todopoderoso.

Los minutos pasan, te angustias más. No sabes si bajarte en ese lugar y coger otro bus, o esperar a que ellos se bajen en cualquier momento. No sabes lo que va a pasar, te desesperas, pero no lo muestras, no quieres alertar a nadie de tus inquietudes. Por tu mente pasa lo mejores momentos vividos con tu esposa, y de la noticia de la llegada de un heredero a la familia. A esa altura de la vida, te da lo mismo si es niña o si es varón, ambos no le faltara nada, lo sabes. Pero si te pasa algo, tu esposa quedará sola, tu hijo/a también.

Por arte de magia llegas a tu destino. Te levantas de tu asiento, y caminas hasta la puerta del bus, le dice al chofer que pare en la parada, que ahí te bajas. Él hace lo que tu le indicas. Respiras de alivio cuando estás fuera del bus. Te haces el loco y no miras al transporte, no quieres que esos jóvenes descarriados te detecten y después hagan quien sabe que cosa en contra de tu vida. No. Eres un hombre pacifico, un luchador en silencio.

Caminas un par de pasos y llegas a tu lugar de trabajo. Entras, pasas la tarjeta sobre el lector de la misma, escuchas el pitido y miras que la luz de roja se pone verde. Estas autorizado, ya puedes entrar a sacarte el sudor trabajando. Pero te llevas una sorpresa cuando llegas a la oficina, no eres el único que ha llegado temprano. Hay otra persona, lo reconoces enseguida, es tu jefe.

—Veo que es verdad lo que dicen de usted.

—Buenos días, señor —saludas, pero no sabes que más decir, te ha cogido de sorpresa. Lo único que logras hacer es encogerte de hombros, como restándole importancia, pero por dentro te mueres de nervios.

Te retiras a tu puesto de trabajo, tu jefe no te dice nada, él también se retira a su oficina. Empiezas a trabajar, pero tu corazón esta inquieto desde que subiste al bus. Temes por tu esposa e hijo/a, no sabes si pedir permiso en el trabajo alegando calamidad domestica, o quedarte ahí ignorando toda clase de presentimiento, ¡tienes dudas! Sabes que no estarás tranquilo en lo que queda del día.

El día transcurre aparentemente normal. Nada sale de tu rutina, todo funciona como todos los días. En algún momento te sientes observado, levantas la mirada y te chocas con la de tu jefe, por un momento cruzo por tu mente que tal vez te haga alguna proposición indecorosa, pero lo descartas al segundo. No crees en esas cosas. Suspiras y vuelves a tu trabajo. Todo marcha normal.

Otra vez, el corazón vuelve hablar. Otra vez, tienes inseguridad. Algo malo va a pasar, lo presientes. Aunque siempre creíste que los hombres no tienen el sexto sentido como las mujeres, pero en esos momentos, no sabes que creer. Sólo esta ahí, avisándote. Llamas a casa, y por la mismas cuelgas, ¡que tonto eres! Tú esposa esta en el trabajo. La llamas al celular, pero te sale la grabadora. De seguro esta ocupada, piensas.

Un compañero tuyo prende el pequeño televisor que hay en la oficina. Son las noticias de la una de la tarde. Nada del otro mundo. Lo mismo de siempre, ¿verdad? Pero de repente tu mundo se paraliza, una noticia esta siendo transmitida en ese momento. Un robo a mano armada en un centro comercial, el mismo donde trabaja tu esposa embarazada. Te angustias, porque lo que viene a continuación es el detalle de lo que paso. Hubo cruce de balas y en el medio, hay victimas, heridos. Gente inocente pagando por culpa de unos cuantos delincuentes descarriados, que de seguro roban para comprarse un poco de droga.

Tu alma se angustia, pero demuestra tranquilidad. Todos saben que tu esposa trabaja, pero lo bueno es que no saben donde, sino tendrías que escuchar un monto de frases sin sentido y hasta hipócritas. No quieres escuchar nada de eso, actúas como un experto en ese tipo de situaciones. Conservas la calma, aparentemente, coges el teléfono, llamas al trabajo. Recibes una buena noticia: tu esposa no esta ahí. Pero recibes otra mala: llamo a reportarse enferma.

Tienes que tener la cabeza fría, pensar con claridad. Llamas a tus padres y preguntas por tu esposa, si saben algo. La respuesta es negativa. Llamas a tus suegros, y es el padre quien responde: ella vino a casa, no se sentía bien. No quiso molestarte y dejó que trabajaras tranquilo. Te avisa que ella esta dormida, y por el tono de voz de tu suegro, él cree que tu le hiciste algo malo y se muestra receloso.

Sonríes, así serás tú cuando tengas a tu hija, a tu princesa.

Te despides cordialmente, estas tranquilo. Pero te pones a pensar en esas personas. Estuvieron en el momento equivocado, en el lugar erróneo y pagaron. ¿Cuántas familias están siendo destruidas? ¿Cuántas familias están viviendo el terror de ver a su ser querido debatiéndose entre la vida y la muerte? Y todo por culpa de unos descarriados, hijos mal nacidos.

¡Deben morir!

No merecen que vivan, ni siquiera una segunda oportunidad. Pero tú no decides. Y sabes que Dios o ese ser supremo tendrán su oportunidad de castigar aquellos que lastimaron a personas inocentes. La noticia sigue, esta vez, testigos hablan del hecho. Se ven mujeres asustadas, niños con cara de terror, el miedo les invade. Temen volver a pisar ese lugar, ahora vivirán con psicosis.

Sientes la mirada de tu jefe. Él vio todo lo que tú hiciste mientras daban la noticia, pero no dice nada. Le agradeces de corazón. No quieres oír comentarios de nadie. Vuelves a tu trabajo, pero sigues inquieto. Ahora sabes que tu mujer esta enferma, y decides salir temprano del trabajo. Si, vas a salir a las cinco y media, cojeras el bus que te deje en la casa de tus suegros y la verás.

Él te llama, vas a su oficina. Te pregunta si todo esta bien, tú dices que si pensando que te esta preguntando sobre el trabajo. Él asiente con la cabeza, te da unas instrucciones y al terminar, te pide un informe para las cinco de la tarde, tu dices que esta bien, te diriges a tu puesto de trabajo y te pones a realizar el informe.

No tardas más de dos horas en hacerlo. Tu mente sigue pensando en esas personas, en tu esposa que espera a tu hijo/a, en aquellas familias que han sufrido por unos irresponsables. ¡Y todavía se atreven a decir que necesitan ser comprendidos, que la falta de trabajo los lleva actuar de esa manera! ¡Son cínicos y descarados! Por un instante te pones a pensar en todos, y al mismo tiempo en nadie. ¿Si el mundo fuera diferente si el hombre evolutivo?

El cantar sería otro, ¿no?

O tal vez lo mismo. Quien sabe.

Terminas tu reporte antes de la hora asignada, pero decides chequearla nuevamente por si tuviste algún error, sea ortográfico, gramatical o de números. Quieres quedar bien ante tu supervisor, tu jefe. No porque te lo impongan, sino porque te nace ser así, quieres conservar tu empleo, tu salario fijo. Tienes una familia que lo necesita, que te necesita a ti, de tu sueldo.

Entregas el reporte a tu jefe, él lo mira y acepta. El reporte esta bien redactado, cada punto, punto y como y coma están en su lugar, los números están bien puestos donde debe ser y reflejan la realidad. Te mueres de ganas de preguntar el porqué te pidio a ti que hagas el reporte y no a tu compañero de puesto. Pero no preguntas, no quieres romper el ambiente tranquilo que se ha formado.

Tu jefe te da el visto bueno. Antes de retirarte le pides permiso para mañana en la mañana, que tienes que llevar a tu esposa a que se haga el eco, pero tu jefe te da el día libre, te sorprendes de aquel gesto, piensas que te van a despedir, él lo niega con la cabeza y sólo te da unas palmadas en el hombro. Te dice que vayas tranquilo, todo estará bien.

Al menos existe alguien humano, en esta sociedad podrida, ¿no?

Cinco y media. Te vas de la oficina, escuchas el cuchicheo de la gente, asombrados que te retiras temprano, pero te sorprendes cuando tu jefe sale y dice que él te dijo que te vayas temprano, que tu esposa te necesita porque esta delicada de salud por el embarazo. En el fondo, le agradeces ese gesto, te retiras y sólo tienes un objetivo: ir a ver a tu esposa en casa de tus suegros.

Te reciben con recelo, pero te dejan pasar. Tu esposa esta comiendo algún antojo, te mira, y hay dolor en su mirada. Se te encoje el corazón porque no quieres que ella sufra. Pronto lo sabrás, sólo es cuestión de comunicación. Te sientas a lado de ella, le das un beso en la frente y le preguntas que tal el día. Te dice un “bien” apagado, evade tu mirada, pero tú, con tu ternura haces que te mire, y le preguntas que pasa.

Ella explota y te lo dice todo. Desde que te vas temprano, hasta la hora que llegas tarde, más el trabajo de medio día del sábado. Se abre y dice sus temores, unas cuantas lágrimas caen en su rostro dulce, y a ti te duele verla así. Tomas un respiro, cuentas hasta diez y esperas a que se calme, una vez que lo hace, es tu turno para explicar el motivo que te llevo hacer eso.

Le dices que hay recorte de personal, nada esta dicho, nada esta seguro. Tú quieres conservar tu empleo, así que haces el sacrificio de ir antes de la hora y quedarte después de la hora de salida, vas los sábados hasta el medio día para dejar en agenda todo lo que se viene en la semana y adelantar alguna que otra cosa. Ahora ellos, los supervisores, los jefes, ven todo eso y te evalúan. Le dices que necesitas de ese dinero para mantenerla a ella y a su pequeño, que se hacen si él pierde el trabajo. Ella no podrá cubrir el gasto.

Le dices que te preocupaste cuando oíste en las noticias del medio día sobre el robo que sufrió el centro comercial, el tiroteo que hubo. Le dices que pensaste que la habías perdido para siempre, y que agradece a Dios que te haya indispuesto y no hubieses estado allí, tu vida sin ella sería un caos. Ella le pone orden y sentido. Tu esposa se acurruca en tus brazos, y tú la mimas. Sabes que esta alterada por las hormonas del embarazo, pero aún así estas dispuesto hablar con ella, explicar cualquier cosa, aunque sea por la mínima.

Levantas a tu esposa y la llevas a la cama. Te acuesta a lado de ella y miras el techo. Sabes que ya ahora nada es seguro, la policía gana una miseria de salario y no van arriesgar su vida por personas que no valen la pena, el trabajo sufre de transformaciones y hay personas que deben ser sacadas de ahí porque no merecen ocupar el puesto. La inseguridad esta a todos los niveles, y es atroz. Consume la poca tranquilidad de la sociedad.

Ahora es el miedo a perder todo, la psicosis de que te roben a mano armada y te maten por no tener dos dólares en el bolsillo. Ahora la sociedad vive bajo el miedo, y te preguntas ¿dónde esta el gobierno? ¿Dónde esta las promesas de campaña? Y todo queda reducido a la nada. Todo fue mentira para ganar votos y estar en el poder. Eres apolítico, te da lo mismo, pero te da indignación de ver como se hacen de oídos sordos ante el reclamo por más seguridad.

Miras a tu esposa dormir placidamente. Sabes que mañana será diferente, pero la sensación de inseguridad no se te va del pecho, pero al menos estás más tranquilo, tu puesto de trabajo aún sigue en tus manos. De los ladrones no puedes decir mucho, sólo tener cuidado, cuidar hasta donde puedas, y rezar a Dios para que nada malo les pase. Ya no es como antes, las épocas han cambiado.

El presidente da su discurso sobre seguridad, no le crees porque sabes que es mentira. Seguridad no es sólo integridad física, es también integridad emocional, psicológica y monetaria, con un trabajo fijo.

¿Dónde está el gobierno que prometió una seguridad a su pueblo y no se la esta dando?

2012/02/27

San Valentín

—Veo que aún sigues creyendo en esta fecha ridícula —escucho la voz de hombre hablarle por detrás. Lo reconocía.

—Digamos, que si. Sólo que hay una pequeña diferencia.

—¿En serio? ¿Cuál es? —preguntó con sarcasmo, el hombre.

—No le entregaré mi corazón a un imbécil de nuevo. Prefiero pasar esta fecha sola que mal acompañada.

El hombre de ojos azules y mirada penetrante, se la quedo observando a la que fue su novia por un tiempo, en un silencio profundo. La mujer de ojos violetas y mirada tierna, le devolvía la mirada. Había algo más, eso lo sabía, pero no lograba descifrar qué. Era una batalla la que tenían, sus corazones se agitaban cada cierto tiempo, les hablaba, pero no escuchaban, y sólo quedaba esperar.

—¿Me estás diciendo estúpido? —preguntó con un poco de sorpresa.

—La palabra estúpido e idiota quedan muy pequeñas para describirte, ¿sabes?

La joven le sonreía con burla. Podría decirse que era la primera vez que ella le ganaba en una batalla a su exnovio. De una cosa se percató el hombre: ella sabía algo más, pero que no estaba dispuesta a decírselo. Vaya a saber el motivo. ¿Venganza? No, no creía que ella hiciera algo así, porqué esa mujer, que estaba parada delante de él, nunca tuvo un corazón lleno de odio o rencores.

Pero las personas cambian.La brisa besaba suavemente el rostro de ambos. No apartaban la miradas del otro, era como si trataran de comunicarse a través de los ojos, pero el hombre no podía. Ella lo llamó imbécil, y no entendía el motivo. Bueno, digamos que los hombres son un poco tarados para comprender a la mujer o lo que esta quiere decir. ¡Nunca las entiende! Si ni siquiera intentan hacerlo, todo quiere que se les dé fácil.

Oh, si. Los hombres tienen menos neuronas que las mujeres. Eso deberían saberlo los científicos que sólo viven encerrados en sus laboratorios haciendo pruebas, que a veces ni sirven a la humanidad. Pero bueno, el mundo ya está loco, nada se puede hacer. Al menos que venga el Apocalipsis, haga un saneamiento y libre al mundo de aquellos que obran el mal.

Eso no va a pasar. Nunca.

—¿Qué es lo que sabes, Xiana?

—¿Yo? —se señala a sí misma con el dedo índice —Nada. ¿Qué puedo yo saber, Axel?

—Yo sé que tú sabes algo. Me lo ocultas deliberadamente. ¿Qué quieres de mí?

—Nada. Sólo fue una mera casualidad que nos encontráramos aquí.

Pero no le creyó.

Xiana se acerco hasta donde estaba su ex, puso la mano derecha sobre la mejilla del hombre, y sutilmente le dio un beso en la otra mejilla. Y con una sonrisa de satisfacción le dijo:

—El Karma existe, Axel. Deberías de creer. Ojala no te lleves una “grata” sorpresa cuando llegues a casa.

Y enseguida se marchó, dejándolo a él solo. Axel miraba el camino por donde se fue aquella mujer. A veces solía ser un tanto misteriosa, como que sabía las cosas antes que los demás, y aquello lo sacaba de casillas. Incluso recordó como fue su ruptura, hace un par de años atrás, aquel catorce de febrero.

Los pájaros se levantaron haciendo ruido, silbaban una melodía alegre. Por supuesto que aquello no podía faltar, era catorce de febrero, día del amor y de la amistad. Sin embargo, una joven despertó con un mal presentimiento. Conocía a su novio, él no era de celebrar esas fechas, pero por alguna extraña razón, ese día cambiaria su vida.

Se dio una ducha, se puso unos jeans, una camiseta fresca y unos zapatos deportivos. Se preparo el desayuno, y luego se puso a leer el periódico. Miro el reloj, eran apenas las diez de la mañana. De seguro seguiría dormido, así que no lo iba a llamar. Pero esa sensación que tenía en el pecho, no se le iba. Prefirió ignorar la advertencia, se puso a ver televisión y justo estaban dando su serie favorita: Friends.

El tiempo pasa.

El silencio sigue presente.

Ella sabía que él no le gustaba esas fechas, también sabía que no era de celebrarlas, puesto que él no creía en ello. Y lo respetaba. Así que como mínimo, esperaba que él también respetara sus creencias y por lo menos, pasara el día junto a ella, haciendo alguna actividad, que no necesariamente tenía que ver con San Valentín. Pero su corazón nuevamente hablo.

13:00

Ya pasaba del medio día, él no la llamaba. Aunque sea para saber si estaba bien, si había salido o tenía planes que hacer. Nada. Así que tomo la decisión de ir a verlo a su departamento, hablar con él y ver si hacían algo juntos. Como hace tiempo que no lo hacían. Una corazonada le advirtió a la joven que no fuera a ese lugar, que tal vez no le gustaría ver la verdad.

Sin escuchar corazón ni mente, emprendió la marcha hacia aquel lugar. Ya se estaba preparando para lo peor, ¿qué podía hacer? Nada. Había notado que desde hace tiempo, ambos estaban distanciados, pero más provenía de la parte de él, no de ella. Casi no la llamaba, y si lo hacía, era muy escueto en su forma de hablar. Respondía con un sí o con un no, y a lo mucho con un, te amo. Y eso era porqué ya.

¿Qué era lo último que le puede pasar?

Camino por esas calles que tanto la conocía. Nació, se crió, se hizo adolescente, y luego fue a la universidad, todo en el mismo lugar. Viajaba a otras partes del país, de vez en cuando, y en una que otra ocasión, salió del país por petición de su madre. Ya saben, conocer nuevos lugares, otros aires, otra cultura. Xiana no desaprovecho aquella oportunidad. Cuando regreso, un año después, conoció a Axel.

Pero no todo fue de maravillas desde el inicio.

Fue una relación un poco tormentosa, tal vez por la diferencia de caracteres de ambos. Aún así, continuaron con su relación, hasta ese momento. Pero había notado, desde hace un par de meses, el cambio de comportamiento de su enamorado y eso la ponía intranquila. Ella lo ama, mucho, pero ¿y él? ¿Era un amor correspondido? Pero si no hablaban, no podían saber que es lo que estaban pasando.

Llego al departamento de Axel en cuestión de minutos. Cabe decir, que la distancia entre un departamento, el de ella, con el departamento de su novio, no era mucha. Se llegaba en veinte minutos a pie, diez minutos en carro. Pero Xiana decidió caminar. Tal vez, es una posibilidad, haya querido tomar aire fresco antes de enfrentar la dura verdad que vería en aquel lugar.

Saludo al portero del edificio, le dijo que iría a ver a Axel, pero que no le avisara, sería una sorpresa. No dio oportunidad al señor que le dijera que él no estaba solo. Tomo el ascensor, presiono el botón del tercer piso y el elevador empezó su ascenso. Cuando se detuvo en el piso, las puertas se abrieron y Xiana salió a paso lento. Cada vez que avanzaba hacia la puerta donde se toparía con el número 303 que era el departamento de Axel, su corazón se aceleraba, su estomago se encogía y sus manos sudaban. Estaba nerviosa. Por primera vez en su vida.

Ni cuando daba discursos delante de una numerosa audiencia, se sentía así.

Siempre había una primera vez, para todo.

Cogio la llave que tenía en su llavero, la metió en la cerradura y abrió la puerta. Xiana tenía una copia de la llave del departamento de su novio para cualquier emergencia, así como él tenía una de la suya. Entro y se encontró con el lugar vacío, excepto por unos ruidos. Avanzo, de manera temerosa, hacia el lugar donde provenía el sonido. Tal vez sean unos ladrones. No. Lo que escuchaba era totalmente diferente.

El ruido se iba aclarando, mientras más se acercaba. Era como unos gemidos, y provenían del cuarto de Axel. Cuando llego a la habitación, la puerta estaba entreabierta. Asomo la cabeza y lo que vio la dejo de piedra. Ahí, en esa cama, que tantas veces la compartió con su novio, estaba él siendo montado por una mujer de cabellera rubia. Así como entro, salio.

Y el corazón estaba hecho pedazos.

Lágrimas recorrían su rostro. No podía creer lo que estaba viviendo, era como si el sueño, de un momento a otro, se convirtió en pesadilla. Si las cosas iban mal, ¿por qué no hablo de ello? ¿Por qué no busco la manera de solucionarlo? O por último, ¿por qué no termino con ella, tiempo atrás y así se evitaba todo aquello? Las respuestas a aquellas preguntas quedaban en algún lugar, porque no aparecían.

Camino y camino, hasta que llegó a un centro comercial. No tenía ánimos para entrar, pero algo le dijo que lo hiciera. Y le hizo caso. Pues al entrar, lo primero que vio fue un local de ventas de teléfonos celulares. Daba gracias a Dios, por haber salido con su cartera, y que de la impresión que tuvo no la haya botado. Sin pensarlo dos veces, compro un nuevo BlackBerry, y empezó a llamar a sus contactos diciéndoles que por motivos de fuerza mayor tuvo que cambiar de teléfono móvil. Incluyeron también, a los contactos del BBMensenger.

Y con hipocresía, les deseo un feliz San Valentín.

Dio una vuelta por el lugar, mirando los locales, pero al mismo tiempo su mirada estaba perdida y no se fijaba en nada de lo que había en exposición. Regreso a casa, con la mente ida, en algún recuerdo. Pensaba “¿Qué hice mal? ¿En qué falle?” Pero no obtenía ninguna respuesta, hasta su conciencia se fue de vacaciones y no la ayudaba a pasar el mal momento.

Llego a su departamento. Las imágenes de esos dos en la cama, no se le iban, al contrario, la lastimaban como una daga clavada directamente al corazón. Y eso no se lo perdonaría nunca, ya vería como se vengaría, pero por lo pronto, tendría que descansar para así poder enfrentarlo sin pena ni remordimientos. Él tomo aquella decisión, no ella. Y tampoco fue la situación, porque muy bien lo pudo haber hablado, pero no busco la solución.

La más alta traición.

Eso no tiene perdón.

Tal vez Dios, si es que es tan generoso y amoroso como lo dicen.

Se sentó en su cama bien hecha, y miro hacia la ventana. Ya no le quedaba ni una lágrima por derramar. Además, ¿por qué debía seguir llorando por un hombre que no vale la pena ni merece sus lágrimas? Una sonrisa irónica se asomo por sus labios. Ahora lo comprendía todo. ¿Y en todo ese tiempo no pudo haberle dicho ni una palabra de lo que estaba pasando? Por lo visto, no.

Tomó el celular viejo y lo apago. Lo guardo en un lugar seguro y el nuevo móvil, lo dejó en la cartera.

¿Así es como actúan los hombres de verdad?

Y el corazón de un ángel se hizo negro.

El reloj marcaba el transcurrir de los minutos, y tal parecía que el sueño no la iría a visitar. No importaba, a esas alturas de la vida. Una mala noche más, no vendría mal, tal vez recuerde como era su época de estudiante de la universidad, con deberes y proyectos que debía entregar en una fecha determinada. Aunque no negaba que necesitaba un poco de los brazos de Morfeo, pero al fin de cuentas, podría servirle para pensar como encarar a su exnovio. Porqué si señores, ella ya dio por terminada la relación, sólo que él no lo sabía.

Y la noche cayó.

15 de febrero.

Él la llamaba de manera insistente, pero sólo le contestaba el mensaje de voz. Así que cansado de seguir marcando su número, tomo la chaqueta, abrió la puerta de su departamento y salio en dirección a la casa de su novia. Caminaba con mucha preocupación, sentía como si algo malo estuviese pasando, que tal vez le haya sucedido algo a ella. A pesar de que ya no siente amor por aquella mujer, aún la considera y la respeta.

¿Qué cinismo del hombre, no?

Después de todo lo que le hizo, aún la respeta. ¡Ja! Ni él mismo se cree ese cuento chino. Porque en primera, no debió de engañarla con otra, segundo, no debió haberla metido a su departamento, acostarse con ella mientras aún estaba con su novia. Lo lógico del asunto era que rompiera con ella días atrás, y ahí sí, hacer todo lo que hizo. Pero no, los hombres todo lo hacen al revés, como siempre.

Después de hablar de cómo los hombres se comportan como unos animales sin corazón, y con cinismo, pasamos a ver como le va a nuestro protagonista. Por lo que vemos, seguía caminando, ya lleva mucho tiempo haciéndolo, cabe decir, sin embargo, para él era como detener el tiempo. ¿Qué le diría cuando la vea? ¿Y si le dice que ya no la ama, y que es mejor terminar? ¿Cómo reaccionaria? ¿Bien? ¿Mal? ¿Lo mandaría al infierno? Ya, basta.

Y si. Nuestro protagonista – antagonista no quiere pensar en las consecuencias de sus actos. Bien, una vez más se comprueba que los hombres no poseen neuronas, y piensan con la segunda cabeza.

Finalmente llegó al departamento de Xiana. Toco la puerta. Nada. Volvió a tocar la puerta. Nuevamente el silencio le respondió. Así que tomo la copia de la llave que tenía, la metió en la cerradura y abrió. Se encontró con el lugar vacío. ¿Será que salió? Bueno, ya lo averiguaría. Camino a paso lento, y a medida que avanzaba escuchaba el agua caer. “Ah, está en el baño” pensó con alivio.

Xiana salió del baño envuelta en una toalla, y con otra se secaba el cabello. Estaba bien, aparentemente, hasta que vio una sombra sentada en un rincón de su cuarto. Oh, no. Era en esos momentos que se maldecía por haberle dado una copia de la llave de su departamento. Suspiro. Bien, si tenía que enfrentarlo en ese momento, lo haría. Así podría vivir en paz por el resto de su patética vida.

Amén.

—Te estuve llamando, Xiana.

—Oh —había olvidado que él era un hombre directo. Bien, que empiece el juego.

—Xiana, ¿por qué no me contestaste el teléfono? —pero que cínico que es.

—Esta bien —soltó un suspiro —. Te contare lo que me paso. Ayer salí a dar una vuelta por el parque, recibí una llamada de una amiga y unos niños que estaban jugando, me hicieron asustar, y del susto afloje el móvil y este cayó en el agua. Así que no tengo móvil, y no sé cuando tenga uno nuevo —oh, mentirosa. Bien que te compraste uno y el otro lo tienes oculto en quien sabe donde.

—Oh. Pudiste haberme avisado, Xiana —claro, como no. Bien que estabas ocupado con la otra.

—Axel, seré directa contigo —y vio como en los ojos azules de él, cruzo un poco de miedo —es mejor que nos distanciemos por un buen tiempo. Ambos necesitamos una nueva vida, pensar en las cosas, y darnos un respiro, no nos haría un mal.

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—¿Estás segura, Xiana? Mira…

—Axel, estoy más que segura. Lo he pensado y es lo mejor para los dos.

Él se levanto, le dio un beso en la mejilla, era lo más decente que podía hacer, y se marcho. Antes de irse, dejó la copia de la llave sobre la mesa. Bien, ahora podría decirse que ambos son libres, no tienen ataduras y que podrían hacer de su vida como les plazca. En distintas partes, tanto Axel como Xiana soltaron un largo suspiro. El uno por no ser valiente y decirle la verdad, la otra por estar llena de melancolía.

Tres meses después, Xiana se entero que Axel se casaba.

Y eso fue todo.

Axel aún tenía la duda de que Xiana hubiese sabido acerca de su infidelidad, nunca le dijo el motivo de su separación, pero él no iba a rogarle ni tampoco iba a esperar el tiempo suficiente para volver con ella. Tal vez, y la razón más lógica que se da, es que aquella mujer se canso de su personalidad. Él no creía en el día San Valentín, tampoco le deba la gana de acordarse de los aniversarios – tanto de cuando se enamoro, como cuando se casó-, para él, eran fechas estúpidas y que no tenían sentido.

Sonrió recordando todas esas cosas. Camino hasta su carro, se subió a él, lo encendió y emprendió marcha hacia su hogar. De sólo imaginar a su esposa esperándolo con la comida ya preparada, se le hacia agua la boca. Pero, como en su momento dijo Xiana, el karma existe y no tiene la menor idea de lo que se encontrará en casa. Tal vez se decepcione o tal vez se enoje consigo mismo por ser tan imbécil.

Y le daría toda la razón a Xiana.

Pero su orgullo de macho infernal no se lo permitía.

Llegó a casa. Todo estaba oscuro. Podría ser que su mujer le este esperando con una sorpresa, pero ella sabe bien que a él no le gustan ese tipo de cosas. Estaciono el auto de manera correcta, se bajo y camino hasta su hogar. Entro y el silencio lo recibió. Se extraño, mucho. Bueno, tal vez su esposa salió hacer alguna compra, por la fecha. No le dio mucha importancia.

Emprendió la marcha hasta su habitación, de la manera más tranquila que pudiera tener.

Y unos gemidos se escucharon.

¿Qué demonios…?

Paso a paso, y lentamente caminaba. Los gemidos se hacían más fuertes, vio la puerta de la habitación que estaba entre abierta, y una tenue luz era lo que dejaba ver, aún así, no demostraba toda la claridad posible. Aquello no podía estar sucediendo, es decir, ella juro serle fiel, estar a su lado en las buenas y en las malas, ¿cómo podía hacerle eso?

Y aquí vamos con el machismo…

Y los vio.

Su esposa, su amada esposa. Si, sé que sonó demasiado cursi y trágico, pero si no se pone eso en la línea, se quita toda la emoción. ¿En que estábamos? Ah, si. Su amada esposa le estaba poniendo los cuernos con otro hombre, ¿por qué? Es decir, él le daba todo lo que ella necesita, jamás le faltaba algo y siempre estaba a su lado. Mal amante no era, incluso sus exnovias se lo habían dicho en alguna ocasión.

El Karma existe, Axel. Deberías de creer. Ojala no te lleves una “grata” sorpresa cuando llegues a casa.

¿Acaso Xiana se refería a esa “grata” sorpresa?

¿Cómo lo supo?

Karma, hermano, karma.

Y justo cuando iba a llegar, escucho la voz de otro hombre llamarla por su nombre.

—¡Telma! ¿Por qué?

Era su marido. Debería estar sorprendida, pero en vez de eso, estaba frustrada. ¿Saben lo que significa que la dejen a uno con un orgasmo atravesado? ¿No? Experiméntelo y sabrán lo que se siente. Háganlo, y verán que no es nada bonito. Telma se separo y Axel pudo reconocer el rostro del hombre quien se estaba cogiendo a su mujer. ¡Era su mejor amigo, Henry!

¿Pero que demonios…?

—Viniste temprano, Axel —comento la mujer de cabellera rubia con toda la tranquilidad del mundo.

—Vine a pasar con mi mujer, pero veo que no es así.

—¿Eres ingenuo o te haces?

—¿A qué te refieres, Telma?

—Desde hace tiempo que estamos distanciados, y no haces nada para salvar tu matrimonio.

—Sabes bien que detesto el catorce de febrero, así como las fechas de aniversario, Telma. Eso no va conmigo.

—¿Ves, Axel?

Axel se extraño ante aquella pregunta de su esposa, pero sobre todo, de su actitud. Ella no era así. Cuando la conoció, nunca se comporto así, ni cuando fue la amante mientras él estaba con Xiana. Todo parecía salido de una película romántica en donde no hay ni cabeza ni pies, pero tendría cuerpo. Un mal argumento, y donde todo fue felicidad, se transforma en tristeza y en dolor.

Karma.

—Las mujeres nos gusta que nos traten como una reina, Axel. No importa si es el catorce de febrero o la fecha de aniversario, pero tú no haces eso. ¿Qué esperabas de mí?

—Que seas mi mujer. Que me atienda con la comida, me trate bien en la cama y tengas la casa ordenada.

—¿Sabes que te puse los cachos desde el primer día que nos casamos?

—¿Qué?

—Lo que escuchas querido —lo dijo con una sonrisa burlona en su rostro —Yo sabía que tú querías eso, porque eres machista. Axel, tu forma de ser espanta a cualquiera. Por algo tu antigua novia te dejo, porqué fue ella quien lo hizo, ¿no?

—Telma…

—Tu error, Axel, es creer que ya tienes amarrada a la mujer y que esta no se va a ir nunca. Que sólo estará para ti, y que te servirá sin que tú le des algo a cambio. Eres pobre de alma, Axel, me compadezco de ti.

—Telma…

—En tres días te llegara los papeles del divorcio. Espero que los firmes sin ningún berrinche. Es por nuestro bien. Tú seguirás sólo, salvo que buscaras a mujeres de turno que te satisfagan en la cama, y yo haré mi vida a lado de Henry, formando una familia y teniendo hijos. Él si que sabe tratar a una mujer.

—¿Qué significa eso, Telma?

—Henry estuvo a mi lado cada catorce de febrero, y cada fecha de nuestro aniversario de bodas. Me hizo el amor como ningún otro hombre me lo ha hecho, me regalo una cena en un hermoso restaurante, además de flores. Él me dio, lo que tú no me diste.

Axel miro a su antiguo mejor amigo, porque en ese momento ya no lo era, vio que se mantenía en silencio, y que esperaba que se fuera para poder vestirse tranquilamente. Su exmujer lo humillo de la peor forma. La miro de nuevo a ella, y estaba tranquila. Por lo que le dijo, noto que no tenía ningún remordimiento de haberle hecho lo que le hizo. Y esta vez, él perdió todo.

Se dio la media vuelta, salió de la habitación y se quedo parado en la sala mirando las pocas fotos que tenía de los dos. Sólo eran tres, y eso por insistencia de Telma. Que ironías de la vida, ¿no? Pero tenía que darle el crédito a Xiana, ella lo supo todo en este tiempo. Por eso se atrevió a decirle aquellas palabras momentos atrás. La pregunta del millón es: ¿cómo lo supo?

Ya no venía al caso.

Ella lo dejaba por otro hombre, que resulto ser su mejor amigo. Oh, si. Historia cliché, pero ¿eso no pasa en la vida real? Si, y bastante. Es tan común…

Unos minutos después salía su, todavía, esposa con Henry. Se la veía feliz, de eso no dudaba. Entonces si es cierto lo que dicen de él. Que es un ser insensible, frío, déspota y otras cosas que no valían la pena recordar. Pero también hay que reconocer que no siempre todo fue su culpa. Simplemente fue un hombre que no supo manejar las emociones, y que es una persona incomprensiva en cuestiones sentimentales. En otras palabras, no entiende a las mujeres. Pero tampoco es gay.

¿Dudas?

—Bien, Axel. Creo que es nuestra despedida.

—Si, eso veo, Telma.

—No te olvides de firmar los papeles de divorcio, es lo mejor que puedes hacer. Yo quiero ser feliz, y supongo que tú también.

—Si, eso creo… Cuídate mucho.

Telma y Henry abandonaron el departamento.

Henry no dijo una sola palabra, no porque no quisiera, sino porque era un asunto de Telma y que ella lo tendría que manejar. Además, era un capítulo más en la vida de ella que tenía que cerrar, y él no iba a intervenir por ningún motivo, salvo si Axel se hubiese portado de manera violenta, cosa que no sucedió. Sentía pena por él, porque habían sido amigos desde hace mucho tiempo, pero no iba a permitir que la tratara de aquella manera, siéndole indiferente.

Telma se merecía mucho más.

Y Axel no era el hombre para ella.

Sin más que decir, salió de su departamento, camino hasta su cuatro por cuatro, se subió y arrancó hacia algún lugar de la ciudad. Quería despejar la mente. Karma. Ahora aprendía la lección: No hagas a otros, lo que no quieres que te hagan a ti. Pero como se iba a imaginar aquello. Bueno, en algún momento de su patética vida, lo pensó, pero no le prestó demasiada importancia.

Creyó que ella lo aceptaba tal cual, bueno, al principio cuando uno es enamorado y no sabe en donde diablos se tiene la cabeza, y se esta de luna de miel todos los días, nunca se iba a notar el defecto. O tal vez se pensó que uno de los dos iba a cambiar, una vez contraído el matrimonio. Error garrafal el pensar así. Eso no se hace, nunca. El amor provoca que a uno le de lapsus brutus momentáneo, y después de haber metido la pata, se estén lamentando de las consecuencias.

En fin. Ninguno de los dos cambió, siguieron como eran, y eso mando al diablo su matrimonio. Fin de la historia, ¿no? Bueno, podría decirse que sí, pero falta algo más, como por ejemplo, ¿qué pasó con Xiana? ¿Habrá encuentro con Axel o no? La gente por naturaleza es curiosa, y ustedes y yo, sabemos que se iban a quedar con las ganas de saber que paso al final.

En un restaurante que hay en el centro de la ciudad, se encontraba Xiana con una amiga de ella de la época de la universidad. Conversaban de lo que había sido de la vida de ambas, y como se encontraban ahora. Ninguna de las dos tenía pareja para pasar el día, pero San Valentín no sólo es de amor, también es de amistad y los amigos cuentan. Pero nada como estar ese día junto con el ser que amas y que él te corresponda.

Eso es imposible.

Hombres insensibles.

Xiana logró divisar por el rabillo del ojo, un carro cuarto por cuarto color negro. No le prestó atención hasta cuando vio al hombre que daba la vuelta al auto, y caminaba en dirección al restaurante. “¿Qué hace aquí?” Se preguntó, pero borró la posible respuesta de su mente. Al fin de cuentas, no debería extrañarse de verlo ahí, era su restaurante favorito cuando estaba sumido en la tristeza.

Siguió conversando con su amiga, ya que ambas no tenían planes para esa fecha. Y bueno, digamos que se enteraron de los últimos chismes de quienes fueron sus compañeros de la universidad. Pero la mente de Xiana estaba en Axel. Lo quería, lo apreciaba después de todo, pero no le iba a perdonar lo que le hizo años atrás. En eso, era una mujer que difícilmente perdonara semejante fallo, ella no toleraba la infidelidad.

Y él le monto los cuernos.

Tras una excusa vaga por ahí, que su amiga no se dio cuenta por estar entretenida leyendo el BlackBerry Messenger, Xiana pago la cuenta, se despidió de manera sutil, y salió del sitio. Primero necesitaba aire fresco, segundo, tenía que pensar en muchas cosas. Aparte que no quería estar en el mismo lugar que Axel, no lo odiaba, pero si pudiera estar apartada de él el tiempo necesario, lo haría. Él no le hacia ni un bien, para su salud emocional y psicológica.

Vio el primer taxi que pasaba y le hizo seña para que se parqueara. Necesita ir a un lugar, aclarar sus dudas y tratar de buscar la paz que no la tenía desde aquella vez. No odiaba el catorce de febrero, de hecho, para ella era una simple fecha más del calendario que se debía cumplir. Sus ilusiones se habían muerto aquél día, años atrás. Se subió al taxi, le indico al chofer el lugar a donde quería ir y emprendieron la marcha hacia su nuevo destino.

No se percato que un par de ojos azules la habían estado viendo todo este tiempo. El hombre sonrió para sí mismo y murmuro las siguientes palabras:

—Así que Xiana, tú lo sabías todo, ¿verdad? Muy pronto, más de lo que te imaginas, nos volveremos a ver.